Santos del 12 al 19 de Saptiembre
Septiembre 12
DULCE NOMBRE DE MARÍA. «Sanctissimi Nominis beatae Virginis Mariae, qua die ineffabilis dilectio Dei Genitricis erga Prolem santissimam revocatur et ante fidelium oculos proponitur figura Matris Redemptoris pie invocanda». Eso dice el Martirologium romanum a propósito del primer santo del 12 de septiembre. 10 al que lo entienda. Pienso que Nuestra Señora está contenta. A quién le amarga un... 10. A todos nos gusta que se vea reconocido nuestro trabajo. Nuestra Señora sabe latín. Tuvo que aprender en el cielo primero griego (para entender bien lo que decidieron los de Éfeso, que hablaban y rezaban en griego). Y, luego, latín. Han sido tantos siglos oyendo cómo le decían sus hijos mil y millones de veces: Ora pro nobis... Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix. Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus nostris, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta. Incluso sonríe complacida por el acierto del adjetivo que le hemos añadido a su nombre para la fiesta de hoy: dulce. Dulce nombre de María. ¡Es que lo es! Inútil investigar quién lo inventó. Seguro que san José, por la manera de llamarla «María» tan dulcemente (12 septiembre)
GUIDO DE ANDERLECHT (+ 1012). «El pobre de Anderlecht». Nació en Bravante. Fue sacristán de la iglesia de Nuestra Señora de Laken. Un buen día se animó y sin coger nada, porque nada tenía, emprendió una peregrinación que le llevó a Tierra Santa. Al volver, como necesitaba poco y lo poco que necesitaba lo necesitaba poco, le acogieron en un hospital que cae al lado de Bruselas. Y allí murió rico en aquellas sublimes virtudes que a nadie dan nada que hablar (12 septiembre)
PEDRO SULPICIO CRISTÓFORO FAVERGE (1745-1792). “Nel mare di Rochefort in Francia, fratello delle Scuole Cristiane e martire, che, messo in una galera durante la rivoluzione francese in quanto religioso, prestò ogni cura ai compagni di prigionia”. De la masiva beatificación del 1 de octubre de 1995 (64 víctimas de la Revolución francesa, 45 de la Guerra civil en España y Pietro Casani, escolapio colega de San José de Calasanz), aparte los nueve parientes míos, me quedé con el apellido del Hermano Faverge. Me llamó la atención lo de “mort sur les pontons de Rochefort”, pero sobre todo porque pensé en la “fragancia para hombre diseñada en base a una combinación de flores” que hace muchos años Madre Rosario en León, Gto, me regaló en un pequeño frasco verde oscuro vertical casi como un ciprés de Silos. El perfume de la virtud (12 septiembre)
FRANCISCO MAQUEDA LÓPEZ (1914-1936). Nacido en Villacañas el 19 de octubre de 1914. Seminarista de Toledo, cara de niño, ordenado subdiácono el 5 de junio de 1936, fue detenido el 11 de septiembre y fusilado el 12 en la carretera de Andalucía a la altura de Dosbarrios. 23, casi 24 años tenía. Le esperaba en la puerta del cielo su rector, el beato Pedro Ruiz de los Paños, que se le había adelantado, el 23 de julio (12 septiembre)
Septiembre 13
JUAN CRISÓSTOMO (347-407). Gran doctor de la Iglesia oriental, con Atanasio, Basilio y Gregorio Nacianceno. Obispo de Constantinopla, su admirable predicación le valió el sobrenombre de «boca de oro» (Crisóstomo). La oposición de los envidiosos logró desterrarle. Su homilía de despedida, «Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes», que podemos leer en el Oficio de lectura, es realmente como una Visa oro para quien tenga que... «viajar» (13 septiembre)
MARCELINO (+ 413). Legado imperial en Africa, cuando los donatistas campaban a sus anchas (diciendo nada menos que la Iglesia es la sociedad de los santos solo y que los sacramentos administrados en pecado no son válidos). Cristiano ejemplar, «fama et pietate notissimus» dice de él su amigo san Agustín, presidió oficialmente el tête à tête entre los obispos católicos y los que seguían a Donato. Tras el informe de Marcelino vino un edicto imperial proscribiendo a las donatistas. Los cuales, en venganza, le acusaron de complicidad con Heracliano, usurpador del trono de Onorio. Fue ajusticiado. Al año vino la rehabilitación oficial. Un poco tarde. El mártir llevaba ya una temporada en el cielo. Desde allí pudo leer el «De Trinitate» que san Agustín escribió para responder a las preguntas de Marcelino, aunque entonces el santo mártir sabía más del Padre, del Hijo y del Espíritu que el mismísimo doctor de Hipona (13 septiembre)
AIMÉ (s. VII). Que el siglo VII queda lejos es evidente. Tanto que este día borrosamente se hace memoria de dos amados de entonces: un Aimé abad, amigo de san Romarico, y Aimé obispo de Sens, deterrado por Teodorico III. En vez de decidirme entre el abad o el obispo, prefiero recordar a otro Aimé (Duval), que jugaba con la luna (1918-1984) y su vocación, que es mucho más clara y cercana:
«Era el quinto hijo de una familia de 9 hermanos. Me precedían Lucía, María, Helena y Marcelo. Detrás de mí vinieron René, Raimundo, Susana y Andrés. En casa, nada de piedad expansiva y solemne. Sólo cada día la oración de la noche en común, pero es algo que recuerdo claramente y lo recordaré mientras viva. Mi hermana Helena recitaba las oraciones. Demasiado largas para los niños -un cuarto de hora- poco a poco iba aumentando en velocidad, embrollándose, abreviando hasta que mi padre le decía: «Vuelve a empezar». Y entonces yo iba aprendiendo que hace falta hablar con Dios despacio, seria y delicadamente. Es curioso cómo me acuerdo de la postura de mi padre. Él que por sus trabajos en el campo o por el acarreo de madera siempre estaba cansado, que no se avergonzaba de manifestarlo al volver a casa, después de cenar se arrodillaba, los codos sobre la silla, la frente entre sus manos, sin mirar a sus hijos, sin un movimiento, sin toser, sin impacientarse. Y yo pensaba: «Mi padre que es tan valiente, que manda en casa y tan bien entiende a los dos grandes bueyes, que es insensible ante la mala suerte y no se inmuta ante el alcalde, los ricos y los malos, ahora se hace un niño pequeño ante Dios. ¡Cómo cambia para hablar con Él! Debe ser muy grande Dios para que mi padre se arrodille ante El y también muy bueno para que se ponga a hablarle sin mudarse de ropa». En cambio a mi madre nunca la vi de rodillas. Demasiado cansada, se sentaba en medio, el más pequeño en sus brazos, su vestido negro hasta los tacones, sus hermosos cabellos castaños caídos sobre su cuello, y todos nosotros a su alrededor, muy cerquita de ella. Musitaba las oraciones de punta a cabo, sin perder una sílaba, todo en voz baja. Lo más curioso es que no paraba de mirarnos, uno tras otro, una mirada para cada uno, más larga para los más pequeños. Nos miraba pero no decía nada. Nunca, aunque los pequeños enredasen o hablasen en voz baja, aunque la tormenta cayese sobre la casa, aunque el gato volcase algún puchero. Y yo pensaba: «Debe ser muy sencillo Dios cuando se le puede hablar teniendo un niño en brazos y en delantal. Y debe ser una persona muy importante para que mi madre no haga caso ni del gato ni de la tormenta».
Las manos de mi padre, los labios de mi madre me enseñaron de Dios mucho más que mi catecismo. Dios es una persona. Muy cercana. A la que se habla con gusto después del trabajo.
¿Cómo no recordar estas ideas durante las dos horas de camino que me separaban de la escuela? Mis hermanas y mis hermanos sólo tardaban un cuarto de hora para ir a las clases que daban allí cerca para los niños de las casas de campo. Pero a mí, mi padre, al verme más despierto que a los demás, me mandó a la escuela del pueblo. Por esto hacía el camino solo; y así podía soñar, cantar y hablar con Dios Nuestro Señor. En el camino encontraba un manzano (¡las manzanas eran peligrosas, pero nunca caí en la tentación!) y en frente una zanja de hierba muy alta. Al llegar la primavera disfrutaba revolcándome, escondiéndome, levantando la mirada hacia el cielo. Y allí, sin decir nada, hablaba, hablaba, hablaba con Nuestro Señor. Le sentía, le tocaba, le cogía con la mano, le amaba, le apretaba contra mi pecho con una ternura, una confianza, una paz, un gusto... ¿qué queréis que os diga? Es difícil volver a disfrutar tanto. Y, creedme, si en el cielo se está bien, no podrá faltar la amistad y un manzano como aquél...
Esto es lo esencial de mi vocación. De lo otro se encargó «le Seigneur, mon Ami». Había venido al pueblo un sacerdote -nunca supe su nombre- capellán militar en Marruecos, convaleciente de unas heridas graves. Recuerdo que era bretón y que olía a tabaco. Se creía ya suficientemente fuerte para dar un largo paseo por el camino solitario que une el pueblo con nuestra casa (al otro lado del río hay una carretera nacional reservada para los vehículos a motor). Pero una tarde, a mi regreso, a 300 metros de mi casa, debajo de unas hayas, vi a aquel sacerdote tumbado, echando sangre por la boca. Me acerqué sin miedo y ¿sabéis lo que me dijo?: «Voy a morir y estaba pidiendo a Nuestro Señor una persona que me sustituya. ¿Quieres ser tú?»
Murió el sacerdote. Y yo le he reemplazado. Entonces yo tenía doce años, hoy tengo cuarenta.
Seigneur, mon Ami, tu m'as pris par la main. J'irai avec Toi sans effroi jusqu'au bout du chemin.
¡Si supieseis lo bueno que era el camino de la escuela! Me gustaría tanto acompañaros por él...» (13 septiembre)
Septiembre 14
EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ. «¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto». «En medio de la ciudad santa de Jerusalén está el árbol de la vida, y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones». «Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz has redimido el mundo». «¡Oh victoria de la cruz y admirable signo! Haz que alcancemos el triunfo del cielo» (14 septiembre)
ALBERTO DE JERUSALÉN (1149-1214). «En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo» escribió Teresa de Jesús, y nosotros lo repetimos cada año en la oración de la tarde del 14 de septiembre, celebrando la Exaltación de la santa Cruz. Pero quien lo vivió de veras fue Alberto, aquel canónigo regular italiano, obispo de Bobbio, de Vercelli y desde 1205 patriarca de Jerusalén. Hombre recto (a petición de San Brocardo escribió la regla de los carmelitas), fue asesinado el 14 de septiembre de 1215 por un desarreglado (un «malvivente») al que Alberto se empeñaba en que viviera como Dios manda (14 septiembre)
NOTBURGA (1265-1313). Corre por ahí un mal chiste: ¿Cómo dices que es santo si no ha fundado (ninguna congregación religiosa)? Porque realmente hay mucho santo fundador, probablemente porque los fundados o fundadas trabajan para que el suyo sea declarado santo. Pero no es imprescindible fundar para llegar a santo. Y santo canonizado. Esto es obvio. Valga recordar a aquella sirvienta y cocinera de Eben, en el Tirol Norte, llamada Notburga. ¡Cocinaba con un arte, que ni la de “El festín de Babette”! Evidentemente no conoció los versos de G. Mistral: «Toda la naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú, donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú, donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú. Se el que aparte la piedra del camino, el odio entre los corazones y las dificultades del problema. El servir no es faena sólo de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: el que sirve. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿serviste hoy? ¿a quién? ¿al árbol, a tu amigo, a tu madre?». Pero los practicó. Y dicen que lo poco que ganaba se lo daba todo a los pobres que no tenían trabajo (14 septiembre)
Septiembre 15
NUESTRA SEÑORA, LA VIRGEN DE LOS DOLORES. «La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía; cuya alma triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía...». El franciscano Jacopone da Todi en el año 1303 escribió el «Stabat Mater». Veinte estrofas que siglo tras siglo hemos rezado los hijos, ensintiendo los dolores de la Madre. (Dvorak, Rossini, Giacchino, Pergolessi, Palestrina, Schubert, Haydn... siete de siete mil, han puesto música a una letra que en gregoriano seguimos cantando muchos). Stabat Mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa, dum pendebat Filius. / Cuius animan gementem, contristatam et dolentem, pertransivit gladius. / O quam tristis et aflicta fuit illa benedicta Mater Unigeniti. / Quae moerebat et dolebat, pia Mater dum videbat Nati poenas incliti. / Quis est homo qui non fleret, Matrem Christi si videret in tanto suplicio... / Christe, cum sit hinc exire, da per Matrem me venire ad palmam victoriae. / Quando corpus morietur, fac ut animae donetur paradisi gloria. Amen (15 septiembre)
EMILA y JEREMÍAS (+ 852). Con eso de la memoria histórica... completa ¡la de cosas que salen a flote! Por ejemplo, que hubo hasta 5 abderramanes: Abderramán I (788), Abderramán II (852), Anderramán III (961), Abderramán IV (1018), Abderramán V (1024). Valentudos todos, y no siempre tolerantes con los mozárabes, los cristianos que vivían como tales en los territorios reconquistandos o desconquistados, según desde donde se mire. Para demostrar quién era él, el II se despidió de este mundo martirizando al diácono Emila y a Jeremías. Cuentan que la madre de Jeremías estuvo valiente, cuando decapitaron a su hijo. Casi como la Madre de Jesús al pie de la cruz (15 septiembre)
PAOLO MANNA (1872-1952). Estudiante de Filosofía en la Gregoriana y de Teología en Milán, fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1894. El 15 de septiembre de 1895 partió como misionero para Birmania. Habiendo enfermado gravemente regresó en 1907. Desde entonces, hasta el 15 de septiembre de 1952 fue «el don Angel Sagarmínaga de Italia». Eran muy amigos. Al Padre Manna le encantará leer el día de su fiesta en vez de su «por qué me hice sacerdote» el de su gran amigo, mi tío don Angel (1890-1986) (15 septiembre)
Septiembre 16
CORNELIO (+ 253) y CIPRIANO (200-258). En el canon romano, después de venerar la memoria de los apóstoles y los primeros papas (Lino, Cleto, Clemente, Sixto), hermanamos a Cornelio y Cipriano. Coetáneos, sí, pero que nunca se vieron. Mártires, los dos: Cornelio, a efectos del exilio; Cipriano, decapitado. Papa de Roma, el primero; obispo de Cartago, el segundo. Cornelio lo pasó muy mal con el clero romano (formado por 46 sacerdotes, 7 diáconos, 7 subdiáconos, 42 acólitos, 52 exorcistas y lectores), por culpa de Novaciano que frustrado por no ser elegido papa sacó a flote la excusa teológica de los cristianos-santos. Cipriano, desde Cartago, apoyó a Cornelio: «Cipriano a su hermano Cornelio: Hemos tenido noticia, hermano muy amado, del testimonio glorioso que habéis dado de vuestra fe y fortaleza; y hemos recibido con tanta alegría el honor de vuestra confesión...» (Carta 60). Teólogo Cipriano, grande entre los grandes. Aunque de no haber muerto mártir, hubiese sido un Tertuliano más, sin el “san” delante del nombre. Porque como buen teólogo pensaba, e incluso tuvo algún «mal» pensamiento, a propósito de la validez del bautismo conferido a los herejes. De las Actas proconsulares: Galerio Máximo «Decretamos que Tascio Cipriano sea decapitado». El obispo Cipriano dijo: «Gracias sean dadas a Dios» (16 septiembre)
EUFEMIA DE CALCEDONIA (+ 307). «Bien hablada». Le pusieron ese nombre apostando por su futuro. Y acertaron. ¡Qué bien hablaba la Eufemia! Cuando decía «no» a quienes la pretendían por esposa, porque les convencía que el Señor (su «Kyrios» decía ella) le había ganado el corazón antes que ellos, y no se molestaban. Y ¡cómo habló diciendo que era cristiana, en medio de las llamas de la hoguera martirial! En Oriente es muy venerada. ¡Cómo hacen falta en Occidente eufemias que hablen bien con palabras y con hechos! (16 septiembre)
LUDMILA (+ 921). ¿Cómo no recordar las palabras de Bernanos en boca de Fiodor? «Los malos sueños están en usted, en nosotros, en nuestra conciencia. La señorita Chantal es demasiado pura: va, viene, respira y vive de la luz, alejada de nosotros, fuera de nuestra presencia. Y, sin embargo, ilumina a su pesar, saca de la sombra nuestras almas negras, y los viejos y crueles pecados comienzan a agitarse, a removerse, se estiran, muestran sus uñas amarillentas... Mañana, pasado mañana, ¿quién sabe?, una noche, esta noche quizá, se despertarán por completo». / Tetín, donde Ludmila fue asesinada, sigue rodeado de un halo misterioso y romántico. A orillas del río Berounka se alzan acantilados calcáreos. El escenario del sangriento drama es un pequeño nido rocoso donde se respira la atmósfera de las edades pasadas. Primera santa checa. Casada a los 14 años con Borivoj, primer príncipe del Estado premislita, bautizado por San Metodio. Vivieron en Levý Hradec, lugar fortificado sobre el río Vltava, situado al norte de Praga. A la princesa Ludmila le correspondió un notable papel en la propagación del cristianismo y en la educación cristiana del joven príncipe Wenceslao. Los celos de Drahomira, pagana convencida, conjurada con los nobles paganos, la estrangularon, cuando tenía 61 años, tal día como hoy (16 septiembre)
VÍCTOR III (1027-1087). Daufari-Desiderio-Víctor, la misma persona con tres nombres. Daufari, emparentado con el duque normando de la ciudad, nació en Benevento. A los 20 años, pese a la oposición familiar, se hizo monje, llamándose desde entonces Desiderio. En La Cava, en Benevento, en Salerno, donde estudió medicina, en los Abruzzi. Abad de Montecassino a los 30 años. Fue entonces cuando Montecassino se hizo grande, guiado por Desiderio. Doscientos monjes, se reconstruye la basílica y el monasterio, florecen las artes, la cultura y la santidad. Gregorio VII, el enorme Hildebrando, muere el 25 de mayo de1085. En mayo de 1086 los cardenales consiguen elegir a Desiderio para sucederle, perono acepta hasta marzo de 1087. Victor III seis meses, «pontefice sbiadito» (descolorido). Con un antipapa, llamado Clemente III, haciéndole la contra. «A volte i riti in San Pietro sono celebrati da lui, papaVittore; e a volte dal suo avversario, l’antipapa Clemente». Vive en la isola Tiberina. Imposible respirar en Roma. El gran abad Desiderio, el Víctor vencido a los ojos del mundo, «pontífice meteoro», vuelve a su Montecassino para morir allí el día de san Cornelio y san Cipriano. Si hubiese escrito un «Diario del alma» temblaríamos leyéndolo (16 septiembre)
Septiembre 17
ROBERTO BELARMINO (1542-1621). Doctor de la Iglesia, sobrino del papa Marcelo II, primer jesuita profesor en la universidad de Lovaina, teólogo pontifico, consultor del Santo Oficio (al final de su vida el primer volumen de sus Controversias fue incluido en el Índice de los libros prohibidos, porque afirmaba que el poder del papa era sólo indirecto en asuntos temporales). Impresiona imaginarle rezando al final de sus días, retirado en la casa noviciado de los jesuitas: «Señor, enséñame a envejecer como cristiano. Convénceme de que no son injustos conmigo los que me quitan responsabilidades, los que ya no piden mi opinión, los que llaman a otros para que ocupen mi puesto. Quítame el orgullo de mi existencia pasada y el sentimiento de creerme indispensable. Enséñame a aceptar mi salida de la actividad laboral, con la misma sencilla naturalidad con que acepto la puesta del sol en el ocaso. Pero ayúdame, Señor, para que siga siendo útil a mis hermanos, contribuyendo con mi alegría al entusiasmo de los que ahora tienen responsabilidades. Finalmente te doy gracias, Señor, pues en esta hora tranquila de mi vida, caigo en la cuenta de lo mucho que me has amado. Y te pido me concedas mirar con esperanza hacia el futuro feliz que me tienes preparado, hacia ese atardecer de la vida, en que me examinarás en el amor. Amén» (17 septiembre)
SÁTIRO (334-377). Nació el 17 de septiembre y, siguiendo la costumbre muy hispana de poner al recién nacido el nombre más provocativo de la lista de santos del día, sugerí que «Sátiro». ¡Cómo me pusieron! Que yo era un mordaz, propenso a zaherir y motejar; que el criín no tenía patas y orejas cabrunas y cola de caballo o de chivo; y que de lascivo nada de nada. Escogieron «Lamberto», que no está mal, aunque a mí me parecía totalmente ocupado por el recuerdo de don Lamberto de Echeverría. En realidad yo me refería a San Sátiro, nacido en Tréveris, hermano mayor de san Ambrosio de Milán, ejemplar abogado que se encargó de los asuntos jurídicos del obispo de Milán, con un enorme sentido de la justicia y de la generosidad. «De excessu fratris sui Satyri». ¡Qué elogio fúnebre! ¡Qué canonización! Me consuela pensar que queda libre el nombre para un próximo hijo de algún amigo y poder celebrarlo el (17 septiembre)
HILDEGARDA (1098-1179). A los 8 años (aunque a no pocos psicólogos les sienta como un tiro) entró en las benedictinas de Diessenberg. Elegida abadesa muy joven (y nunca sufrió complejo por ello), tuvo tiempo para gobernar sabiamente y no le faltaron arrestos para trasladar la comunidad a Rupertsberg y fundar otro monasterio en Eibingen. Escribió un tratado dogmático titulado Scivias (de las dos palabras latinas sciens vias, del que Dante tomó su visión de la Trinidad), un tratado de medicina titulado Causae et curae, y nada menos que 155 monodias, muchas de ellas de gran inspiración. «Hildegarda es la primera de las grandes místicas alemanas, poetisa, profetisa y médica, trató de moralizar la política, reprendiendo a papas y príncipes, obispos y laicos con absoluta intrepidez e infalible justicia» (Attwater). Lo cual dio pie a que numerosos enemigos la calumniaran. Pero tuvo de su parte nada menos que a san Bernardo y al papa Eugenio III. Murió pasados los ochenta. Parece que una monja inglesa del siglo XVII se inspiró en sus comentarios a la Regla de san Benito para escribir aquella higiénica oración: «Señor, tú sabes mejor que yo que comienzo a ser vieja y que un día lo seré verdaderamente. Líbrame de la funesta costumbre de pensar que tengo algo que decir sobre cada tema y sobre cada situación. Líbrame del deseo de querer arreglar los asuntos de otro. Hazme prudente y no melancólica. Haz que sea compasiva y no entrometida. Dado lo que sé, me parecería una falta el no hacer uso de mis conocimientos, pero tú sabes que de lo que tengo necesidad es de algunos amigos. No me dejes repetir indefinidamente detalles fútiles. Pon un sello en mis labios cuando quisiera hablar de mis penas y disgustos personales; algunos, cuanto más pasan los años, aumentan y experimento yo también la tentación de enumerarlos. No me atrevo a pedirte la gracia de escuchar con gusto la historia de las miserias de los otros, pero ayúdame a que les preste al menos un oído paciente. Tampoco me atrevo a pedirte una mejor memoria, pero concédeme un gramo de humildad y menos presunción cuando mi memoria parezca entrar en conflicto con los recuerdos de mis hermanas. Enséñame la ciencia magnífica que consiste en reconocer que, a veces, puedo equivocarme. Hazme amable, por lo menos de un modo razonable. No quiero llegar a ser tal santa en particular. Algunos santos no constituyen una compañía agradable. Por otra parte yo sé que un viejo refunfuñador es uno de los inventos más triunfales del diablo. Dame el poder de ver las cosas buenas en lugares inesperados y de descubrir talentos en las personas en las que no se espera. Y, en fin, Señor, dame la gracia de decírselo a ellas. Amén» (17 septiembre)
Septiembre 18
OCÉANO (+ s. inc.). Suena a «grande y dilatado mar que cubre la mayor parte de la superficie terrestre». También, a nombre de un mártir oriental, quemado junto con Teodoro, Amiano y Juliano, en tiempos de Maximiliano Herculeo. Pero sobre todo a exquisito sinónimo de Dios. ¿No decía Fray Luis de León: «en Dios se descubren nuevos mares cuanto más se navega»? Comprendo que ya es tarde para cambiar de nombre. Pero si existe una segunda vida aquí abajo que me pongan «Océano», para que al llamarme a mí cada vez tengan que hacer referencia implícita a Él, así como la hacemos cuando a un religioso no sacerdote le llamamos «Hermano» (si es hermano mío señal que tenemos un Padre nuestro). Y celebraría mi santo como el mártir de oriente el (18 septiembre)
JOSÉ DE CUPERTINO (1602-1663). Franciscano italiano que no aprobaba los exámenes, pero que revivió la ingenua alegría y la total pobreza de Francisco de Asís. Sufrió sorprendentes dones preternaturales, como el de la levitación, que le ocasionaron la envidia de sus hermanos con horizonte a ras de suelo. Corre por ahí una «oración a San José de Cupertino para los exámenes» en la que se pide que al que la reza «le pregunten en los exámenes la única materia que sabe». ¡Por favor! Todo estudiante cuando va al examen ha de saber todas las materias. Ningún santo que se estime puede ayudar a la vagancia. «Constans et perpetua voluntas ius suum unicuique tribuens» así en la tierra como en el cielo. Sin rebajas (18 septiembre)
DAUDI OKELO y JILDO IRWA (+ 1918). Tenían ya 18 y 14 años el 19 de octubre de 1918. Catequistas. Aquel día al amanecer no tocaron el tambor para llamar a los catecúmenos a la oración de la mañana, igual que lo hacían diariamente al ponerse el sol para convocarles a rezar el rosario. Aquel amanecer sólo se oyeron golpes de lanza y cuchilladas en Palamuku, cerca de Paimol, aldea de Uganda del norte, en la cuenca del Alto Nilo. Llevaban once meses haciéndolo, desde su llegada, pese a que el misionero intentó disuadirles, no sólo por su juventud, juventud de años, y juventud cristiana [habían sido bautizados el 6 de junio de 1916 y confirmados el 15 de octubre], sino por el peligro que corrían en aquella violenta zona. «-¿Y si os matan?» «-¡Iremos al cielo! ¿No murió Jesús por nosotros?». El lugar del martirio, Palamuku, fue llamado desde entonces Wi-Polo ("En el cielo") para recordar el premio concedido por Dios a los dos adolescentes (18 septiembre)
domingo, 12 de septiembre de 2010 | Publicado por Carmelo en 17:58 |
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